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Ser niña

El mundo está de fiesta con la entrega del Premio Nobel a la Paz. Otorgarlo a dos luchadores incansables por causas con la prioridad más inmediata, la infancia, le ha devuelto de muchas maneras su sentido a este galardón. Kailash que ha dedicado su vida a liberar a niños, niñas y adolescentes víctimas del trabajo infantil con reducción a la servidumbre y Malala quien con su corta edad ha defendido casi con su vida el derecho a la educación para las niñas. Y es de este último tema que queremos hacer una reflexión. Depende del lugar donde se mire, nos encontramos con  enormes logros por la consecución de ese derecho, pero hay todavía muchos lugares donde el hecho de ir a la escuela es aún inalcanzable. En este sentido, son las niñas quienes primero abandonan la escuela por diversos motivos: económicos, religiosos, familiares, etc. Lo que es cierto es que existe un sesgo de discriminación por género. En el año 2011, la organización Plan Internacional lanzó la campaña: “Por ser niña”. Entendiendo que cada niña y adolescente se encuentran en un estado de situación vulnerable debido a dos características: su edad y el género, en esta línea un estudio realizado en el año 2013 por el Grupo Inclusión y Equidad de Panamá, muestra que existen principalmente tres grandes riesgos que enfrentan las niñas y adolescentes en América Latina y el Caribe: el primero son las altas tasas de embarazo en adolescentes, especialmente en el rango de edad de entre 15 y 20 años; además la edad de tener hijos está disminuyendo y se han identificado casos de niñas entre los 10 y los 14 años que están dando a luz, lo que indica  altas sospechas de abuso sexual. El segundo tema principal, es la confirmación de que los mayores perpetradores de la violencia sexual son miembros de la familia nuclear: padres, hermanos, padrastros, tíos o hermanos. Y el tercer tema que es agudo, y del que aún no se tienen muchas cifras pero sí manifestaciones evidenciadas a través de la observación y diálogo informal con las niñas, es la violencia doméstica y en las escuelas solo por el hecho de ser niñas.
Si bien la evidencia nos dice que el solo hecho de ser niñas las expone a riesgos y graves vulneraciones de derechos;  por el otro lado, nos encontramos el enorme potencial de la fuerza femenina. Trabajar con niñas en la defensa de sus derechos es un camino lleno de adrenalina. En nuestro camino con pequeños grupos de niñas y adolescentes (“El taller de las Chicas”; “MAGAS”; “Maguitas” y Girls”)  donde muy despacio; con tiempos lógicos y no cronológicos, con ritmos propios de cada una y del grupo, vamos trabajando temas que surgen porque interesan, porque molestan, porque duelen o porque divierten, nos hemos encontrado con una fuente de fuerza enorme. Cuando las niñas descubren de lo que son capaces no paran. ¡Son tantas cosas las que quieren hacer, los lugares que quieren visitar, las carreras o profesiones que quieren estudiar!. Ni una sola dice que quiere quedarse en casa y no estudiar, o no trabajar. Ni una sola. Por eso nuestra propuesta es esa, con tiempos suaves y a sus ritmos poder ofrecerles un apoyo para lograr lo que desean. Ni más ni menos.
Elena Duron | @eduronmir

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