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La otra deuda en las infancias

Se ha presentado el cuarto informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina, donde se conocieron resultados sobre la infancia en el país. Estos datos y estadísticas pueden tener muchas interpretaciones y puntos de vista. Seguramente muchas, como pueden leerse según los diarios y sus editoriales, responderán a intereses disímiles.

Por un lado podemos celebrar, pues sigue en disminución de forma notable y estable el trabajo infantil como así también las necesidades básicas insatisfechas (4%), y por otro lado, si hacemos un corte en el presente, nos alarmaremos al ver que en el país existe un 24.4% de hogares con necesidades básicas insatisfechas. Es decir, un cuarto de la población joven de la argentina experimenta privaciones graves que vulneran el ejercicio de sus derechos, entre ellos, la vivienda, las condiciones de saneamiento básico y el acceso a los alimentos.
Vemos que se registran importantes avancen en el acceso a la educación en términos de inclusión y recursos educativos, gracias a la AUH, aunque la inequidad sigue siendo elevada (la calidad de la educación privada, según este informe, es 6.6 veces mejor que la estatal).
En la mayoría de los casos, diarios, noticieros u organizaciones, se presentan los resultados de esta encuesta basada en el enfoque de derechos, pero alejados de ese propósito. Terminan siendo utilizados por lo que se dice evitar: se ponen los datos de niños y niñas como objetos de argumento para defender o atacar a un gobierno.

Mientras tanto, hay otros datos que pasan un tanto más ocultos, pero que revisten de una seriedad y gravedad que amerita que toda la sociedad pueda tomarlos para la reflexión y desafíos de cambio urgente. Son datos que van más allá de cualquier gobierno y que es necesario atacarlos a la brevedad.

Con políticas de estado claras y precisas, la pobreza e indigencia puede reducirse más pronto de lo que uno imagina, sin embargo no así cuestiones que tienen que ver con la subjetividad propia. Son esos ahora los nuevos desafíos para las nuevas generaciones, pues además –si bien la brecha de inequidad sigue siendo muy alta- hay cuestiones que hoy atraviesan a todos los estratos sociales y económicos.

Los resultados del barómetro confirman lo que se observa en el día a día: elevados déficits en cuestiones de crianza y sociabilización que atraviesan a toda la sociedad y a todas las infancias.

Más del 40% de los niños y niñas de 0 a 2 años no comparte cuentos o historias orales en la familia, y más de del 36% de chicos y chicas no tiene libros infantiles en su hogar. Significa esto que hay un altísimo porcentaje de niños y niñas de todo el país y de todas las clases sociales que no recibe el adecuado estímulo emocional e intelectual, necesario y fundamental en los primeros años de vida para un desarrollo acorde e integral, en términos de vinculación, constitución del aparato psiquico, estimulación y desarrollo congnitivo.

El recurso de la narración, el juego y los libros implica en el desarrollo subjetivo acceder al desarrollo de la imaginación, la fantasía, la metáfora, lo simbólico, la curiosidad y afectividad. Además, el afianzamiento de vínculos con adultos que potencian lazos constitutivos con un otro estructurante.

A ello, hay que agregar que un 62% está expuesto más de dos horas por día a algún tipo de pantalla, o como afirma el informe, multipantallas: computadoras, celulares, consolas de juego, tele, etc. Ya sin tiempo para jugar a la rayuela o trepar árboles, con padres y madres que están en el trabajo o ausentes por diversos motivos, hoy la salida pareciera que es exponerse ya en épocas tempranas a tantas horas en estas multiples pantallas, que atentan al desarrollo de capacidades psicomotrices.

Y claro, incluimos aquí en el grupo de 8 a 17 años, el uso desmesurado de redes sociales impacta en la forma de vincularse y socializarse, con los resultados que son conocidos hoy en la nuevas problemáticas de violencia escolar y extraescolar, mediatizada por estas TICS.

Se puede constatar que cuanto menos vinculo y menor apego entre niños y adultos existe, cuanta menos empatía pueda consolidarse en vínculos, cuanto menos lectura de cuentos haya en las familias y cuando más soledad exista en niños, expuestos horas y horas ante las pantallas, el nivel de violencia aumenta potencialmente e inversamente proporcional a la poca capacidad simbólica de mediación.

En las etapas más tempranas de la vida se consolidan los cimientos para la adultez. El desarrollo físico, emocional, motor, cognitivo, social y la plasticidad neuronal, se constituyen desde el vínculo con los otros. El desarrollo no está determinado por los genes en exclusividad, sino por la forma de socialización, las formas de relacionarse y vincularse desde el mismo embarazo, los estímulos que los niños y niñas reciben en cada acción en el hogar. El afecto, el juego, la lectura, son la enseñanza básica que los chicos reciben en casa, con base de la seguridad emocional y de su potencialidad de desarrollo en el mundo adulto.

Estos nuevos desafíos serán los más complejos. Ya no basta con recursos económicos estatales o partidas económicas internacionales para construir casas y romper con el hacinamiento, para instalar redes cloacales o promover programas como la asignación universal por hijo. Los problemas de infancia han dejado de ser exclusivos de la pobreza. Además de la lucha contra la inequidad, se suma ahora la lucha por promocionar la forma de vincularse y socializarse, la forma de constitución subjetiva. Hoy debe ser objetivo directo para enfocar esfuerzos y recursos, apostando ya no al que, sino más bien al cómo.

Gastón Gelblung

2014-06-19 17.44.29

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