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Rompiendo el círculo de la vergüenza: La hipocresía en el abordaje de la protección integral de los derechos de niños, niñas y adolescentes.

El.GGoDo, 1998.

El.GGoDo, 1998.

En días pasados nuestra ciudad despertó con una tragedia; la noticia de la muerte de un pequeño de 8 años en circunstancias especialmente violentas. Más allá de la seriedad con que algunos medios abordaron la noticia en contraste con el sensacionalismo de otros, este desgraciado hecho no hace más que poner en evidencia la punta de iceberg, es la expresión más acabada y mal lograda, por supuesto, de una tragedia anunciada.

En este caso los apellidos no importan, casi el barrio tampoco, este puede ser el “caso testigo” que nos muestra la ineficiencia e inoperancia de un sistema que debería estar especialmente preparado para encarar estas graves situaciones, que no son pocas en nuestra ciudad.

El camino parece ser el siguiente: la detección de riesgo por parte de los organismos gubernamentales u organizaciones sociales trabajando en territorio; la elaboración de innumerables informes de uno y otro lado presentados en una y otra oficina; la respuesta o no respuesta de estos informes; los intentos de abordaje integral; los acuerdos y desacuerdos con respecto a estas intervenciones; mientras, en el medio, suceden otros hechos de riesgo en estas mismas familias y comienza de nuevo el circuito: Detección-Informes-Reuniones…, ad eternum.

Lo anterior se da en un contexto de tiempos artificiales que no se corresponde con el día a día. La vulneración de derechos sucede en tiempo real, uno tras otro ocurren hechos que violentan, lastiman, dañan y terminan con las vidas de niños y niñas.

Esta tragedia tiene nombre: inoperancia, negligencia en el cumplimiento de deberes del funcionario público, falta de ética y profesionalismo. Las estructuras burocráticas, oficiales, judiciales y la mirada social, parecen estar “programadas” según el modelo paternalista y de control social de la infancia pobre que es el que ha funcionado hasta ahora. La implementación de políticas basadas en un nuevo paradigma no significa hacer más de lo mismo con otro discurso, sino que supone una transformación profunda en las relaciones del Estado, las instituciones y los adultos con los niños y adolescentes.

¿Qué hacemos ahora?: ¿Seguiremos conformándonos con presentar informes; seguiremos haciendo diagnósticos, catarsis en pequeños grupos territoriales, rasgándonos las vestiduras cada vez que un hecho como este irrumpe el cotidiano?; o ¿rompemos el círculo de vergüenza?

No hay nada innovador ni revolucionario. Se trata de aplicar las leyes que ya están inventadas, debatidas y escritas, y para ello se necesitan funcionarios que estén a la altura de las mismas, con una mirada técnica apropiada, integral y no política e inoperante. Sin este tipo de cambios estructurales en términos técnicos-profesionales, la repetición de lo siniestro será inevitable.

Lic. Elena Durón / Lic. Gastón Gelblung

Fundación Petisos

Comentarios

1 comentario

Noelia | 27 junio 2011 - 22:09:50

Excelente análisis de la realidad. Concuerdo plenamente.


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